Jergas y dialectos

La llegada de miles de italianos, polacos, franceses y rusos a fines del siglo XIX dejó un sello indeleble en nuestra sociedad, en nuestra cultura y nuestra lengua.
En la Buenos Aires de 1900 sólo uno de cada tres habitantes hablaba el español y esto preocupó mucho a los sectores dirigentes.
Pero poco a poco los inmigrantes iban dejando su impronta lingüística en el habla local. Palabras de origen italiano, como fiaca o laburo, emergían desde los conventillos para pronto ser aceptadas por todos los hablantes, incluso por aquellos que nada tenían de raíz italiana.
El habla del inmigrante italiano, a caballo entre el italiano y el español, fue satirizada en los primeros sainetes, en los que genoveses y napolitanos eran ridiculizados.

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